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La nostalgia y los pueblos de aquellos tiempos

El tren que conectaba Macondo


Ferrocarril de NIcaragua 2

Por: Antonio Luna Centeno

Estimado Freddy:

Mis felicitaciones por traernos a la mente, esos  Macondos de Nicaragua, especialmente Malpaisillo que te vio nacer.

Conocí Malpaisillo de la mano de mi abuelo materno, don Cayetano Centeno, viajero incansable de la estirpe férrea de los revolucionarios de Wiwilli, Nueva Segovia, que en la década de los 50 me llevaba  a sus viajes  por esos lugares calientes que se formaron con el boom del algodón a lo largo de la línea férrea del ferrocarril que moría en el puerto de Corinto, después de pasar por  Paso Caballos.

En esos días todavía no había leído 100 años de Soledad de GABO, pero cuando iba en el tren –locomotora-y miraba esas llanuras  cubiertas de la mota blanca y el sol ardiente sobre los hombros de los hombres y mujeres que en los campos, sentía una inmensa soledad, que solo se mitigaba con los gritos de los vendedores en las estaciones del donde apresurados bajan los que regresaban  de Managua y se montaban los que usaban el tren para desplazarse de un lado a otro. Me emocionaba el grito de las mujeres vendiendo sus productos  en los pocos minutos de la parada. Eran los ratos alegres de  las rosquillas, el quesillo, el tiste y las horneadas y el agua helada.

En esos días de mi niñez, conocí también, a Nagarote, Los Brasiles, Quezalguaque, La Paz Centro, Chinandega, El Viejo etc, porque mis viajes eran desde Managua hasta Tonalá, un lugar perdido de la geografía, mas delante de El Viejo, que no pasaba de ser un caserío de campesinos cortadores de algodón y sembradores de maíz.

Eran esos días de las vendetas en la estación del tren de León. De los famosos Povedas y sus adversarios de siempre que ahora no recuerdo. Ya había  muerto ajusticiado por  Rigoberto López Pérez  el General Anastasio Somoza García y gobernaba el ingeniero Luís Somoza D.

Y desde Tonalá, alguna  vez fui hasta el Estero Real del Golfo de Fonseca y al imponente Cosigüina.

No olvido las tolvaneras, los enormes remolinos producidos por el calor y las visiones térmicas entre las arboladas de mangos. Calor al mediodía infernal. Y la locomotora incansable devorando kilómetros mientras a lo lejos se perfilaban  los volcanes de la maravillosa cordillera de los Marrabios: El Momotombo, El Momotombito, El Cerro Negro, El Telica.

El tren era el medio de transporte de todas esa gente viril que construía  esos pueblos del Pacifico y que sobrevivían con el cultivo del algodón, la artesanía y la servidumbre en las haciendas ganaderas.

Si el fin del boon del algodón deprimió las escuálidas economías de esas ardientes tierras, fue la desaparición del Ferrocarril del Pacifico de Nicaragua el que de asestó la estocada mortal a esa región.

“El tren iba rodando sobre sus rieles, eran los días de mi dorada primavera y era en mi Nicaragua natal” RD