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domingo, 08 de agosto de 2010

País pobre-exportador

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En los últimos días se han publicado cifras de exportaciones sin duda halagadoras.  Según las proyecciones, al finalizar el año se habrán exportado casi 2,000 millones de dólares, cifra no despreciable, y que es resultado de las inversiones que se realizaron en los años anteriores al actual gobierno.


Sin duda que a ese crecimiento de las exportaciones, de origen fundamentalmente agropecuario, aunque también se aprecia la incidencia de los productos del mar y de la minería, ha contribuido la ejecución bastante eficiente de los proyectos de infraestructura que dejó financiados el anterior gobierno, y la regularización del suministro de energía eléctrica.


Pero como varios economistas han puntualizado, entre ellos José Luis Medal , y sin quitar mérito al esfuerzo exportador que nuestro país viene realizando, en términos per cápita, y en dólares de valor constante, estamos exportando la mitad o menos que hace 31 años.

Y bastante menos, en términos per cápita, que los otros países centroamericanos.

 Este es el balance, triste, de nuestra negativa evolución económica en las últimas tres décadas, resultado sin duda de nuestras perturbaciones políticas.

Mientras tenemos esa evolución de las exportaciones, las remesas andan en el orden de los 900 millones de dólares, es decir, casi la mitad de las exportaciones. El saldo neto en términos de nuestra balanza de pagos, si tenemos en cuenta que para las exportaciones se incurren en costos, muchos de ellos importados como el combustible, los insumos, los materiales de empaque, la maquinaria, entre otros, es mayor el de las remesas que el de las exportaciones.

Esas son las cifras fríamente expuestas. Pero el saldo social es desolador, porque detrás de las remesas está el casi millón de nicaragüenses que han emigrado, desarraigándose de sus familias y amigos.

Seguimos, entonces, siendo un país agroexportador, en menor escala que hace tres décadas, y ahora, también un país pobre-exportador. Exportador de pobres. ¡Qué triste!

Atol con el dedo


“Dar atol con el dedo” es la expresión popular para significar embaucar, engañar.

Se me viene a la mente esa expresión después de leer la excelente serie de reportajes publicada recientemente en El Nuevo Diario por el periodista Luis Nuñez Salmerón, en base al Plan Nacional de Desarrollo Humano Actualizado 2009-2011, que el gobierno, en el marco de sus compromisos, ha presentado a los Organismos Financieros Internacionales.

Como a esos organismos no les puede “dar atol con el dedo”, como sí lo pretendió el Presidente Ortega en la celebración del 31 aniversario de la revolución sandinista, en que presentó la imagen casi idílica de un país resolviendo sus problemas, en el referido documento se confiesa la verdad: estamos lejos, muy lejos, de estar en camino de resolver nuestras agudas carencias socioeconómicas.

El crecimiento proyectado de la economía de aquí al fin del gobierno de Ortega, es insignificante. Se reducirá el gasto social y el de inversión en infraestructura. Aumentará la deuda pública interna. Y seguirá disminuyendo el salario real. Total, el documento oficial confirma lo que hemos venido diciendo: al final del gobierno de Ortega, salvo unos pocos ligados a los círculos del poder, el resto de nicaragüenses estaremos peor que a inicios del mismo.

¡Y así pretende seguir gobernando!


Clamor


Clamor por un cambio de gobierno es el que se desató con la idea de tener a alguien como Fabio Gadea Mantilla, de candidato único de la oposición.

Como el propio Fabio con gran humildad lo ha señalado, no es el único que podría unificar a toda la oposición, pero hoy por hoy es el único nombre de las calidades requeridas, que está sobre la mesa.

Lo fundamental es que la reacción de los nicaragüenses frente a la propuesta revela la envergadura de la principal demanda ciudadana: unidad, unidad, unidad.


En la hípica de Juigalpa

Sentí de primera mano esa demanda ciudadana por la unidad el domingo pasado, cuando estuve en Juigalpa con motivo de la hípica de las fiestas patronales que este fin de semana alcanzarán su punto culminante, igual que en Granada y Ocotal.

Ocurre que coincidí con Eduardo Montealegre en una esquina para ver pasar la hípica que es, por cierto, de acentuado sabor popular, y al menos tres de cada cuatro montados se detuvieron efusivos para celebrar y felicitarnos por vernos juntos.

No me voy a engañar, esos abrazos y apretones de mano no son tanto por Eduardo y por mí, que en parte sí lo son, como por la idea de ver unida a toda la oposición al orteguismo.

Como lo he dicho tantas veces, que nadie cuente conmigo para dividir a la oposición.


Ometepe

También estuve esta semana, después de muchos años, en la Isla de Ometepe. De su maravillosa y variada naturaleza, con los dos imponentes volcanes como guardianes de la isla, ya tenía conocimiento. Pero no tenía conocimiento de lo que tanto me han hablado sobre el desarrollo comercial, ecológico, turístico y agrícola reciente.

Así que, teniendo en mente el refrán ruso según el cual “más vale ver una vez que oir cien veces”, decidí ir a Ometepe y, en efecto, comprobé de su ejemplar desarrollo.

Hay mucho que aprender de lo que está pasando en Ometepe. En su positivo resultado se mezclan la acción de los gobiernos de Nicaragua de las últimas dos décadas, con el trabajo de Organizaciones no Gubernamentales (ONG) nacionales y extranjeras, y el papel de la cooperación internacional. Pero si hay una gran lección, es que los isleños han desplegado su iniciativa y su empeño trabajador para convertir las oportunidades que han tenido, en realidades de progreso.

Esa es una gran lección para todos, pero creo que especialmente para el gobierno, porque los nicaragüenses  quieren oportunidades para salir adelante, y no limosnas gubernamentales que les mantengan en la postración y el atraso.


Conjueces


La última derivación del Pacto Alemán-Ortega Ha sido la ilegal integración de la Corte Suprema de Justicia con los famosos conjueces.

Alemán dijo oponerse a este último zarpazo a la institucionalidad, pero fue una oposición inútil porque Ortega ya ha desbalanceado el pacto totalmente a su favor.

Pero el problema no está en que los balances de poder del pacto original se mantengan o no, sino en que haber distribuido en cuotas partidarias-personales las instituciones del Estado, ha terminado en el desastre en que ha terminado semejante engendro, y los costos los pagamos todos.

 
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