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lunes, 08 de marzo de 2010

Manolo Morales, una figura de gran respetabilidad en la democracia cristiana nicaragüense

Manolo

La Unidad sc-dc 

Por: Adolfo Bonilla


 
 Me van a disculpar que meta mi cuchara en esta sopa de ideas, opiniones e intenciones, pero me parece necesario aportar algunos criterios relativos al tema de la pretendida unidad socialcristiana-demócratacristiana (sc-dc), por si en algo puede servir en este recurrente diálogo. 

Me van a disculpar que meta mi cuchara en esta sopa de ideas, opiniones e intenciones, pero me parece necesario aportar algunos criterios relativos al tema de la pretendida unidad socialcristiana-demócratacristiana (sc-dc), por si en algo puede servir en este recurrente diálogo. 




 
          Me van a disculpar que meta mi cuchara en esta sopa de ideas, opiniones e intenciones, pero me parece necesario aportar algunos criterios relativos al tema de la pretendida unidad socialcristiana-demócratacristiana (sc-dc), por si en algo puede servir en este recurrente diálogo.

En primer lugar, en la reunión que se realizó en Granada hace varios años quedó demostrado palmariamente para algunos participantes que la unidad – tal como se ha venido planteando – es “misión imposible”; de ahí que seguir insistiendo en lo mismo y con el mismo enfoque sería locura (por no utilizar otro adjetivo tal vez más desagradable). Dividir es sumamente fácil, pero unir... Bueno, he ahí el dilema.

Tal como se perciben las cosas, surgen varias interrogantes elementales. Una de ellas es: ¿Hay interés sincero en un proceso genuino de unidad? La verdad es que cada quien ha preferido quedarse atrincherado en su propia capillita, en vez de juntar voluntades y esfuerzos para juntos (cada quien desde su propia capilla) construir una iglesia única, fuerte, sólida, indestructible. Es por medio de un trabajo conjunto, con un solo propósito, que tendrá que comenzar a asomar algún indicio de la posibilidad de un verdadero cambio hacia una sola meta.

No hay que olvidar que son más de treinta años de permanecer separados y que un cambio de mentalidad y actitud no va a cambiar en corto tiempo porque siguen en escena los mismos actores. Pero también hay que recordar que todos los fragmentos del PSC original provienen (de algún modo) de un tronco común, aunque ahora cada uno tiene experiencia diferente por haber sido parte de distintas alianzas, aunque todo eso podría producir una gran fuerza política.

No obstante, todos estos grupos dispersos han adquirido formas de trabajo similares, relegando los valores y principios originales que los diferenciaba del resto de partidos políticos; es por eso que ninguna de estas agrupaciones sc-dc ha estado interesada en reorganizar (u organizar) un auténtico partido porque todas se han quedado ancladas en la técnica y táctica de cúpulas, sin trazar una estrategia de largo plazo.

Se ha hablado de reingeniería, pero los involucrados son los mismos ingenieros que – de alguna manera, directa o indirectamente – fueron responsables de la escisión. ¿Estarán realmente interesados estos mismos dirigentes en reconocer errores y contribuir positivamente en un determinado proceso con la finalidad de diseñar la reconstrucción del edificio político que les dé albergue a todos los colaboradores e interesados?
¿Hay capacidad y voluntad de organizar un verdadero partido que logre erigirse en una real alternativa en medio de esta horrenda corrupción de valores y principios que corroe hasta lo más profundo la praxis política? Los distintos reductos sc-dc han demostrado (desde la década de los 80 hasta estos días) estar más interesados en ser cola de león y/o cabeza de ratón. ¿Baja autoestima propia y de lo que representamos?  Somos rarísimos los que todavía albergamos la idea de transformarnos en un nuevo león que dispute por sí mismo el poder.

Sin embargo, si no hay convicción en los ideales sc-dc, si no existe mística, si no hay disposición (hasta el sacrificio, de ser necesario) de dedicar todos los esfuerzos que se requieran para aportar su parte encaminada hacia el logro del objetivo común, todo lo que se diga quedará en mera retórica hueca, tratando de engañar a los demás y a sí mismos.

En consecuencia, apelando a mi experiencia en el sindicalismo cristiano, nosotros clasificábamos el proceso de unidad en tres etapas: 1) Unidad de Acción; 2) Unidad Programática; y 3) Unidad Orgánica. Un ejemplo de la primera es la que poníamos en práctica con la CGT-I; un ejemplo de la segunda fue la Unión Democrática de Liberación (UDEL), de la cual la CTN y el PSC eran parte; y un ejemplo de la tercera fue la Federación de Trabajadores de la Salud (FETSALUD) – hasta 1980, cuando el FSLN la asaltó – en cuya dirección nacional había dirigentes CGT-CTN.

Recapitulando, lo que tal vez se pudiera hacer es que cada quien conserve todo lo que dice tener y entre todos definir puntos comunes y concretos en los que todos coincidan, a partir de lo cual tomar el acuerdo de juntar fuerzas y esfuerzos para alcanzarlos.

Lo relativo a pronunciamientos y comunicados entra cuando se empiece a llevar a cabo la estrategia propuesta y consensuada. Caso contrario, nadie tomaría en serio ninguna declaración retórica, ya que – por lo general – ni los mismos firmantes le dan la seriedad que el caso amerita. Por lo tanto, lo que quizás se podría hacer es convocar a una reunión con el propósito de: 1.- Buscar puntos de coincidencia, que unan y no desunan. 2.- Comprometerse a desarrollar un trabajo alrededor de esos mismos puntos consensuados. 3.- Formar un comité coordinador de la Unidad de Acción, con un responsable (o dos o tres) por cada grupo.
De esta manera: a) Se evitan los celos y recelos de que alguno de los grupos quiere aprovecharse de los demás; b) no puede haber temor de que alguien le aserruche el piso a otro; c) no se entra en discusiones ideológicas, políticas o estratégicas; y d) cada grupo continúa desarrollando sus propias tareas derivadas de sus propios lineamientos y objetivos.

Si se logra transitar sin mucho tropiezo esa primera etapa, se podría avanzar a la segunda, donde habría que formar una especie de asamblea con varios representantes de cada grupo y elaborar un programa de acción conjunta, siempre conservando cada quien su propia identidad e inclusive sus propios objetivos. Esta unidad programática significaría un paso más avanzado en este proceso y un acercamiento más estrecho que implicaría cumplir con una acción de más largo plazo y de mayor compromiso unitario.

No es sino hasta después de este recorrido que se comenzaría a pensar en la unificación en un solo partido, pero para ese tiempo se supone que se habrá acumulado toda una trayectoria conjunta y tal vez se hayan eliminado muchas malas interpretaciones y se hayan superado ciertas actitudes y actuaciones. Así sucedió en la UDEL. El problema surgió entre los mismos socialcristianos.

Lo importante es que hay que dejar de pensar en el corto plazo, en los réditos que se pueden obtener hoy, ya; y que más bien hay que empezar a trazar una estructura común de más larga duración. Hay que estar claros desde un inicio que cuando se siembra un árbol hay que regarlo, abonarlo, cultivarlo y esperar sus frutos hasta que esté en su punto, pues no hay que perder la perspectiva de que los que ya vamos siendo historia tenemos la obligación moral de dejarles un legado que acojan con orgullo las nuevas generaciones.
En las filas sc-dc militan excelentes dirigentes nacionales e intermedios, que juntándolos a todos se convertiría en un patrimonio de liderazgo político que pocos partidos tienen. Quizás no estemos tan conscientes del momento histórico que atraviesa Nicaragua, pero yo me atrevería a decir que estamos en el punto crítico donde está por decidirse el futuro del país. No lo vamos a cambiar ahora, pero hay que prepararse para más adelante. Es la hora en que necesitamos nutrirnos nuevamente de ideales, aplicar la inteligencia para planificar una acción constructiva con creatividad, perseverancia y coraje.

Se vislumbran enormes desafíos en el horizonte, para lo cual tenemos que rescatar nuestros principios y valores, dedicarle suficiente tiempo y recursos al plan de organización y formación política que hay que trazar. ¿Es mucho pedir para tratar de asegurar un futuro más libre, democrático y próspero de nuestra patria?  ¿Estamos dispuestos a encarar ese reto? Creo que la historia nos lo exige.
 
Adolfo Bonilla
Managua, 04.02.10.
 
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