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EL PULSO DE LA SEMANA PDF Imprimir E-Mail
lunes, 14 de junio de 2010

  Por: Lic. Edmundo Jarquín


El hecho más relevante de los últimos días ha sido, a nivel internacional y nacional, el arranque del campeonato mundial de fútbol en Sudáfrica.

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Con tal motivo circuló un artículo, titulado “El poder del mérito”, de Margarita Montes. Como se sabe, Honduras es uno de los 32 equipos participantes en la cita de lo que se supone son las mejores selecciones del mundo, o que al menos se lograron clasificar para el evento futbolístico de mayor importancia.

¿Cómo es posible, se interroga la autora del artículo, que Honduras, que ocupa el lugar número 112, de un total de 182 países, en el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, pueda estar entre los 32 países que se dan cita en Sudáfrica, la mayoría de los cuales están entre los países con mejores Índices de Desarrollo Humano?

Por la sencilla razón, se contesta Margarita Montes, que el Director Técnico de la selección y todos los jugadores son seleccionados por su mérito técnico. Y concluía que si el mismo criterio se utilizara en los cargos del gobierno, el mérito técnico, y no el mérito partidario y el favoritismo personal, Honduras estaría mejor en el Índice de Desarrollo Humano.

Sin menoscabo que el argumento no se puede aceptar de manera absoluta, porque Honduras básicamente se seleccionó compitiendo con países que tienen más o menos el mismo Índice de Desarrollo Humano, no cabe duda que algún valor, y mucho, tiene ese argumento.

Cuando en un país, como el nuestro, con cada cambio de gobierno hay una gran barrida de funcionarios para colocar a aquellos que, muchas veces sin poseer capacidades técnicas, se les quiere favorecer por razones partidarias o de favoritismo personal, o ambas cosas, es imposible diseñar, mantener y ejecutar políticas públicas eficientes en términos del desarrollo del país.

Lo anterior lo saben bien los miles de empleados que fueron despedidos con el regreso al gobierno de Daniel Ortega, quienes han sufrido directamente, quedando desempleados, a causa de semejante despropósito; y también lo sabemos el resto de nicaragüenses, que pagamos las consecuencias negativas del mismo.

Noticia halagadora

 En la misma dirección de la importancia del mérito técnico o profesional en la selección del personal para que las funciones públicas se desempeñen con eficiencia, se sitúa una noticia halagadora de la cual dio cuenta el diario La Prensa: Nicaragua es el tercer país más pacífico, solamente detrás de Uruguay y Costa Rica, de América Latina. Y aunque a una distancia considerable de Uruguay y Costa Rica, que ocupan los lugares número 24 y 26, entre 150 países, nuestro país está bastante mejor que Colombia, país en el cual hay una de las pocas guerrillas que sobreviven, y que resulta el más violento de la región, ocupando el lugar 138. Lo anterior según el Índice Global de la Paz (IGP), elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz, con sede en Australia.

No conozco todos los componentes del índice mencionado, pero la noticia, al caracterizar a la región, señala entre otros el incremento de la incidencia de las pandillas y el crimen organizado. Y este es un rubro en el cual, pese a un deterioro relativo, nos comparamos favorablemente con otros países del continente.

No cabe duda que son varios los factores que inciden en el resultado mencionado, pero hay uno que sin duda se destaca: tenemos ejército y policía integrados, organizados y jerarquizados en base al mérito profesional. Como la selección de fútbol de Honduras.

Ya en otras ocasiones hemos dicho que entre nuestros pocos grandes progresos históricos está la institucionalización y profesionalización del ejército y la policía, los únicos cuerpos del gobierno   -en buena medida, también, el Banco Central, y valga la pena reconocerlo-  dónde ha prevalecido el mérito técnico y profesional sobre el favoritismo político. Ojalá esto se mantenga, y no se le ponga marcha atrás como a los otros grandes progresos, la democracia y la libertad de expresión.

¡Dios nos valga si eso ocurre con el Ejército y la Policía!

Justa reconciliación histórica

Con motivo del 50 aniversario de la Universidad Centroamericana (UCA), regentada por los Jesuitas, se ha producido un acto ejemplar. Las autoridades de esa casa de estudios decidieron tener un acto de reconciliación con estudiantes y trabajadores que fueron expulsados en 1969 y 1971, con motivo de las protestas estudiantiles de esos años vinculadas a la lucha contra el régimen de Somoza.

En julio de 1969 había muerto, en un combate absolutamente desigual y por lo mismo heroico, Julio Buitrago, exalumno de la UCA. Militante del FSLN de entonces, que no es el de ahora, Julio fue descubierto en su lugar de clandestinaje, por las cercanías de las Delicias del Volga, en la parte occidental de Managua, y enfrentó, solo, a varias patrullas de la Guardia de Somoza que le atacaron incluso con tanquetas.

El asesinato de Julio Buitrago desató la protesta estudiantil en la UCA. Yo era para entonces Presidente del Centro Estudiantil de la Universidad (CEUUCA), y había sido compañero de aula de Julio.

Como resultado injustificado de la protesta, varios estudiantes fueron expulsados. Hubo motivos adicionales y la protesta continuó, hasta que los expulsados, en total 5 según se ha recordado, fueron reintegrados, menos uno, Róger Cerda Pérez, ahora destacado profesional.

Yo estaba finalizando el cuarto año de la carrera de leyes. Insistí con el Rector de la UCA en el reintegro de Róger, quien había sido uno de mis competidores en la elección del año anterior por la Presidencia del CEUUCA. Cuando vi que no podía mover al Rector de su decisión, le dije: “entonces, finalizo el año y me voy de la Universidad”.

Y así fue. No terminé mi carrera en la UCA, a quien sin embargo, y más ahora con la decisión de sus autoridades, considero mi Alma Mater, y me fui a concluir los estudios de leyes en Chile.

No pude estar en el acto de reconciliación mencionado, pero me comuniqué con César Aróstegui, quien habló en nombre de los expulsados, y con Róger Cerda Pérez, y les dije, como en efecto es, que me sentía parte de esa reconciliación.

 

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